Castilla-La Mancha, considerada el mayor viñedo del mundo y con más de 430.000 hectáreas cultivadas, vive entre el final del verano y el comienzo del otoño uno de los momentos más intensos de su calendario agrícola: la vendimia.
Durante estas semanas, buena parte del campo de las cinco provincias entra en movimiento. Tractores y remolques recorren caminos rurales, las bodegas reciben las primeras uvas y las cuadrillas regresan a las parcelas donde la recolección continúa haciéndose a mano. Al mismo tiempo, en muchas explotaciones las cosechadoras trabajan durante la noche aprovechando las temperaturas más bajas.
El resultado es una imagen muy característica de la viticultura castellano-manchega actual: dos formas de vendimiar que pertenecen a épocas diferentes, pero que hoy conviven en un mismo territorio.

Del cantar de las cuadrillas a los focos en mitad de la noche
Durante generaciones, la vendimia manchega estuvo estrechamente ligada al trabajo manual y a las cuadrillas.
Familias enteras y jornaleros llegaban a las viñas desde primera hora de la mañana para cortar los racimos con corvillos y llenar espuertas, capazos o recipientes que después se descargaban en los remolques.
El vaso tradicional dominaba buena parte del paisaje vitícola. Las cepas, bajas y próximas al suelo, obligaban a trabajar durante horas con el cuerpo inclinado, en jornadas especialmente duras cuando las temperaturas aumentaban conforme avanzaba el día.
La vendimia era trabajo, pero también un acontecimiento social. Durante unas semanas modificaba el ritmo cotidiano de numerosos pueblos y movilizaba a familias, trabajadores, cooperativas y bodegas.

Ese paisaje no ha desaparecido. Pero junto a él ha crecido otro.
La implantación de viñedos en espaldera, donde la vegetación se conduce mediante postes y alambres formando hileras, ha facilitado la mecanización de numerosas explotaciones. Las cosechadoras cabalgantes pueden avanzar sobre esas líneas de viñedo separando las uvas de la planta y permitiendo recolectar superficies importantes en mucho menos tiempo.
Y con ellas ha aparecido una de las imágenes más espectaculares de la vendimia moderna: las máquinas trabajando de madrugada, con sus focos encendidos entre kilómetros de viñas.

¿Por qué se vendimia de noche?
Aunque contemplar una cosechadora iluminando las hileras en mitad de la oscuridad pueda resultar sorprendente, la vendimia nocturna responde fundamentalmente a razones técnicas y enológicas.
Durante el final de agosto y buena parte de septiembre, las temperaturas diurnas pueden ser elevadas en Castilla-La Mancha. Por la noche y durante la madrugada descienden considerablemente, lo que permite recoger la uva a una temperatura inferior.
Para las bodegas, recibir la uva fresca supone una ventaja.
Las temperaturas más bajas ayudan a limitar los procesos de oxidación y reducen el riesgo de fermentaciones indeseadas antes de que la uva entre en bodega. También favorecen la conservación de determinados compuestos aromáticos, algo especialmente interesante en variedades destinadas a elaborar vinos blancos y jóvenes.
Hay además una cuestión energética. Cuanto menor sea la temperatura a la que llega la uva, menor puede ser el esfuerzo necesario para enfriarla posteriormente durante determinadas fases de elaboración.
La noche, por tanto, se ha convertido también en tiempo de vendimia.
Pero la máquina no puede entrar en todas partes
La mecanización ha cambiado profundamente la viticultura regional, aunque está lejos de haber eliminado la vendimia manual.
Una parte muy importante del paisaje castellano-manchego continúa formada por viñedos en vaso, muchos de ellos de secano. En numerosas parcelas, por su sistema de conducción, edad, disposición o características del terreno, la recolección continúa realizándose a mano.
Es el caso de muchos viñedos tradicionales de Airén, variedad profundamente vinculada a La Mancha, y de parcelas antiguas de variedades tintas presentes en diferentes zonas de la región.
Aquí sigue apareciendo la otra imagen de la vendimia: trabajadores entrando en la viña al amanecer y cortando los racimos uno a uno.
La vendimia manual también permite seleccionar la uva directamente en la cepa, una característica especialmente valorada cuando se busca realizar una selección rigurosa de los racimos.
Por eso, más que haber desaparecido, la recolección tradicional ha quedado asociada a determinados tipos de viñedo y modelos de elaboración, mientras la mecanización se ha extendido allí donde la estructura de las plantaciones y las características de las explotaciones lo permiten.
La Manchuela y el territorio de la Bobal
Esta convivencia puede observarse especialmente bien en comarcas vitivinícolas como La Manchuela, situada entre las provincias de Albacete y Cuenca y marcada geográficamente por los ríos Júcar y Cabriel.
Aquí la Bobal constituye una de las grandes señas de identidad del viñedo.
En determinadas zonas se conservan viñas viejas formadas en vaso, algunas situadas en terrenos donde la mecanización resulta más complicada. En ellas, la vendimia manual sigue desempeñando un papel fundamental, especialmente cuando las bodegas buscan seleccionar los racimos desde la propia parcela.
A pocos kilómetros, sin embargo, pueden encontrarse plantaciones modernas en espaldera donde la mecanización permite realizar la vendimia con mucha mayor rapidez.
No son necesariamente dos viticulturas enfrentadas. Son respuestas distintas a factores como el terreno, la edad de las cepas, la variedad, los costes de producción y el tipo de vino que se pretende elaborar.
Un territorio de denominaciones de origen y vinos de pago
La diversidad del viñedo castellano-manchego también se refleja en sus figuras de calidad.
El mapa regional incluye denominaciones históricas como La Mancha, Valdepeñas, Almansa, Manchuela, Méntrida, Mondéjar, Ribera del Júcar y Uclés, junto a Jumilla, cuyo territorio protegido se extiende mayoritariamente por la Región de Murcia pero alcanza también municipios de la provincia de Albacete.
A ellas se ha incorporado Campo de Calatrava, reconocida como nueva denominación de origen protegida vitivinícola de Castilla-La Mancha.
El panorama se completa con los vinos de pago, una figura de calidad vinculada a explotaciones y territorios concretos que tiene una presencia especialmente destacada en Castilla-La Mancha.
Detrás de todas estas figuras aparece un territorio vitícola extraordinariamente diverso, desde las grandes extensiones de la llanura manchega hasta zonas de mayor altitud, laderas y pequeños viñedos históricos.
Dos vendimias bajo un mismo cielo
Cuando cae la tarde sobre los viñedos de Castilla-La Mancha, la transformación que ha vivido el campo durante las últimas décadas se hace particularmente visible.
En unas parcelas, las cuadrillas volverán a primera hora de la mañana para continuar cortando racimos a mano. En otras, cuando desaparezca el sol, arrancarán los motores de las cosechadoras y sus focos comenzarán a recorrer las espalderas.
El corvillo no ha desaparecido y la máquina tampoco ha borrado la tradición.
Ambos forman parte de una viticultura que ha tenido que adaptarse a nuevas necesidades productivas, económicas y enológicas sin desprenderse por completo de las formas de cultivo que durante generaciones construyeron el paisaje.
Quizá ninguna imagen lo explique mejor que una noche de vendimia: bajo el mismo cielo castellano-manchego pueden encontrarse viñas que todavía se recogen racimo a racimo y, apenas unos kilómetros más allá, una cosechadora avanzando entre las cepas iluminando la oscuridad.
Dos maneras de recoger la uva. Dos momentos de la historia del campo. Y una misma vendimia.
La vendimia manchega en 60 segundos
Tradición, tecnología y noches entre viñedos. Así suena y se vive la vendimia manchega en este vídeo oficial de nuestra comunidad.
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