No existe en Europa un territorio cuyo propio nombre rinda un tributo tan directo a la arquitectura de la guerra y la supervivencia. Castilla nació de castella, tierra de castillos: una línea de crestas, cerros testigo y desfiladeros donde durante siglos se dirimió el destino de reinos, califatos y órdenes militares. Pero reducir los castillos castellano-manchegos a simples peñascos almenados sería perderse la mitad de la historia.
En Castilla-La Mancha los castillos no son adornos del paisaje: son el esqueleto mismo sobre el que se fundaron sus villas, se tallaron sus viñedos y se forjó una identidad tenaz. Hay fortalezas que son conventos sagrados de monjes caballeros dispuestos a morir por su cruz; hay nidos de águila esculpidos por ríos vertiginosos; hay palacios señoriales que albergaron emperatrices y conspiradores; y hay torres solitarias en sierras rojas que parecen esperar el toque de un cuerno de batalla.
Esta es nuestra selección definitiva de los ocho castillos más extraordinarios de Castilla-La Mancha. Un viaje por las cinco provincias sin prisas, con los ojos bien abiertos y la curiosidad despierta.







